No te dejes engañar por tus pensamientos

Generalmente, el pensamiento nos engaña, haciéndonos creer que estamos viviendo en la realidad, cuando realmente estamos inmersos en una distorsión de la misma. El pensamiento elabora constantemente supuestos e interpretaciones a partir de los hechos que percibimos, lo que puede llevarnos a alejarnos de la realidad. 

Por ejemplo, cuando observamos un paisaje, el pensamiento inmediatamente comienza a trabajar con esa información. Puede comparar el paisaje con otros que hemos visto antes, analizarlo en función de nuestros conocimientos previos, y proyectar nuestras expectativas sobre él. Pero al hacer esto, nos alejamos del hecho real del paisaje que estamos viendo.

De la misma manera, cuando observamos a niños jugando en un parque, el pensamiento puede comenzar a elaborar supuestos sobre la seguridad del entorno o la atención de la madre. Aunque estos pensamientos pueden estar basados en experiencias previas o en información que hemos recopilado, no necesariamente representan la realidad de la situación que estamos presenciando.

Es importante reconocer que el pensamiento siempre distorsiona los hechos y que esto es parte de su naturaleza. Por lo tanto, no podemos confiar ciegamente en nuestras interpretaciones de la realidad, ya que pueden estar sesgadas por nuestros propios prejuicios o expectativas.

Reconocer las funciones de la mente

Las funciones de la mente son esenciales para nuestro diario vivir. Sin embargo, cuando no tenemos la consciencia adecuada sobre el funcionamiento de la mente, esta puede distorsionar la realidad. A menudo, nuestras proyecciones e interpretaciones son la causa principal de nuestra insatisfacción. En vez de observar los hechos tal y como son, los vemos a través de un velo de pensamientos, juicios y expectativas.

En lugar de estar presentes en el momento y simplemente observar, nuestro pensamiento se pone en acción, elaborando supuestos y valoraciones acerca de lo que estamos viendo. Esto nos aleja del hecho en sí mismo y nos lleva a una interpretación subjetiva y distorsionada de la realidad.

Para evitar caer en esta trampa, es importante que nos detengamos y nos preguntemos si lo que estamos pensando es realmente lo que está sucediendo. Debemos aprender a observar sin juzgar, a estar presentes en el momento y dejar de lado nuestras expectativas y suposiciones.

Es fundamental recordar que la realidad es objetiva y que nuestras interpretaciones son subjetivas. Por lo tanto, debemos tener cuidado de no confundir nuestra interpretación de los hechos con los propios hechos. Al hacerlo, corremos el riesgo de caer en la trampa de nuestra propia mente y perdernos la belleza y la verdad de la realidad tal y como es.

Aprender a estar presente

La presencia en el momento presente es esencial para poder experimentar la realidad tal como es.

Es importante reconocer cuando nuestro pensamiento comienza a distraernos del momento presente y volver a centrarnos en el hecho actual. Al dejar ir nuestras comparaciones y juicios, podemos experimentar la verdadera belleza y simplicidad de las cosas.

Aprender a estar presente puede ser un desafío, pero los beneficios son invaluables. Nos permite conectarnos con nuestro entorno y con las personas que nos rodean, y experimentar la realidad tal como es, sin la distorsión de nuestra mente.

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